viernes, 11 de junio de 2010

Demos - Kratos

Democracia proviene de la fusión de los vocablos griegos “Demos”, pueblo, y “Kratos”, poder o gobierno; pudiéndose traducir entonces como “el gobierno del pueblo”. Ahora bien, si hilamos más fino tal vez advirtamos una novedad, ya que “Demos” es, al mismo tiempo, un neologismo o acrónimo entre las palabras también helénicas de “Demiurgos”, artesanos, y “Geomoros”, campesinos”. De este modo “democracia” se debería interpretar como el “gobierno del pueblo llano”, que en la Grecia clásica estaba integrado por las clases sociales fabril y campestre. La razón de ser de esta denominación resulta, entonces, que no es otra que contraponer este sistema político a la monarquía y a la aristocracia, cuya clase dirigente estaba nutrida por la nobleza.

No obstante lo anterior, la teoría y la realidad en la paradigmática democracia ateniense no se hallaban totalmente cogida de la mano; al menos para los patrones y concepciones que tenemos hoy en día. De las 350.000 personas que conformaba la población estimada de la urbe en su momento de máximo esplendor, apenas 100.000 alcanzaban la condición de ciudadanos (descontando mujeres, extranjeros residentes y esclavos), de los cuales apenas 30.000 eran hombres adultos con derecho a voto. En definitiva, apenas un 10% de la población tenía derecho a participar en los asuntos de la polis. Asimismo la democracia de entonces tampoco es la misma que conocemos hoy día: las múltiples instituciones existentes contemplaban la posibilidad de que los ciudadanos participasen directamente en los asuntos públicos, mientras que la democracia actual nacida al calor de la Revolución Francesa sólo se concibe por medio de la elección de representantes–salvo en contadas ocasiones, como puede ser el caso del referéndum o de las consultas públicas–. De este modo el espíritu del “gobierno del pueblo llano” se ve tamizado por la elección de una clase política, una nueva “nobleza”, que va a ser quien se encargue de la llevanza de los asuntos públicos. Dicho de otra forma, la democracia tal y como se entiende hoy día es una combinación entre las figuras de la Grecia Clásica de la democracia “del pueblo llano” y la aristocracia.

En cualquier caso, ¿qué significa el concepto democracia en la actualidad? Si nos atenemos a la definición clásica de Abraham Lincoln ésta sería “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Ahora bien, cuando hablamos de pueblo, ¿a qué nos queremos referir? La verdad es que es un concepto confuso y al que fácilmente puede dársele un tinte ideático que lo convierte en carne de cañón para la demagogia. De hecho, a lo largo del siglo XX, la democracia ha logrado un nivel de aceptación tal que se ha convertido en el régimen político anhelado por casi todos los Estados del mundo. Tanto es así que muchos países no democráticos se autodenominan a sí mismos como democráticos, como puede ser el caso de la extinta República Democrática de Alemania o de las actuales República Popular China, Corea del Norte y todas las autocracias de africanas. Claro está, si nos quedamos con la sola idea de que el gobierno debe ser “por y para el pueblo”, esta definición puede amoldarse a cualquier circunstancia con un discurso político a medida. Podría decirse, por ejemplo, que de la voluntad del pueblo expresada por medio de la revolución emanan unas ideas determinadas de cuya custodia velará un aparato político determinado. Cosa que, sin lugar a dudas, se aleja bastante del ideal de democracia que podemos tener en el mundo occidental.

Es por este motivo, ante la opacidad del concepto democracia –que nos lleva a la confusión entre la realidad fáctica y los ideales– y los malos usos que se han hecho del mismo, que en la ciencia política hemos de recurrir a otros significados para referirnos a esta realidad. Tal es la propuesta de Robert A. Dahl de “Poliarquía” o “gobierno de muchos”, que la define del modo siguiente: “El gobierno democrático se caracteriza fundamentalmente por su continua aptitud para responder a las preferencias de sus ciudadanos, sin establecer diferencias políticas entre ellos”. Para que esto sea posible se necesitan de determinadas oportunidades para los ciudadanos por un lado y unas determinadas garantías institucionales por el otro.

- Oportunidades para los ciudadanos
o Formular sus preferencias: deben haber cauces por los que el ciudadano pueda hacer llegar al poder político sus peticiones para que éste las recoja.
o Expresar esas preferencias a otros y al gobierno individual o colectivamente: para ello es necesaria la existencia de una libertad de expresión, ya que las disonancias son tanto o más valiosas que las aprobaciones.
o Que las preferencias sean valoradas sin discriminación: de nada valdría que, una vez en manos del poder político, determinadas alternativas fuesen desechadas sin tan siquiera haberlas tenido en consideración por la fuente de la que provienen.

- El Estado debe garantizar
o Libertad de asociación y organización (partidos): el individuo solo ante el Estado está condenado al sometimiento, siendo por ello necesario que tenga la posibilidad de organizarse políticamente para salvaguardar sus intereses.
o Libertad de pensamiento y expresión: si únicamente una corriente de opinión fuese la aceptada, muchos ciudadanos verían sus aspiraciones e ideas silenciadas y la riqueza del pluralismo político de un país se vería indefectiblemente mermada.
o Derecho a sufragio activo y pasivo: siendo las elecciones la forma en que el pueblo se expresa, debe ser la totalidad de éste el que tenga voz; por no decir que los candidatos a elegir no deben ser impuestos.
o El derecho a competir por el apoyo electoral: debe haber una cierta igualdad de condiciones entre los diferentes partidos que conforman el arco político para que estos puedan acceder al poder.
o Fuentes alternativas de información accesibles: hace referencia a la existencia de una prensa libre no sometida a los vericuetos del poder.
o Elecciones periódicas, libres y justas que produzcan mandatos limitados: las circunstancias son cambiantes y los adalides de hoy pueden ser los tiranos del mañana. Por ello las elecciones deben irse sucediendo, para adaptarse a una realidad en continuo cambio y obligar al poder político a un continuo esfuerzo por mejorar.
o Existencia de instituciones que controlen y hagan depender las políticas gubernamentales del voto y otras expresiones de preferencia: juridificando el proceso electoral se deja un espacio muy limitado a la arbitrariedad o control político, hechos que bien pueden poner en riesgo la legitimidad que unas elecciones debieren tener para que manifiesten esa “voluntad popular”.
(De la asignatura de Organización Adminsitrativa)

viernes, 28 de mayo de 2010

Cuando la Verdad no es relativa

Hay personas que aún creen en el rostro humano de las religiones. Las consideran enriquecedoras e incluso necesarias para ofrecer un camino de redención al hombre de hoy. La revista Dialogal y su director, Manu Pérez, confían en el poder conciliador de la religión y, por eso, tratan de acercar la profundidad de las religiones a toda la sociedad.

Tras escuchar a Manu Pérez debo entender que las religiones, al fin y al cabo, están formadas por las personas que las integran y, por lo tanto, en si mismas no son nada, sino aquello que son su miembros. Por esto, es importante evitar generalizar y condenar sistemáticamente todo aquello que huela a fe. No estoy de acuerdo. Intento que entienda que, aun estando formadas por personas, las religiones son lo que son, pues tienen un credo, unas verdades, una doctrina y una tradición en ocasiones milenaria. No -responde-, las religiones como tal no existen.

Entonces puedo entrever que, a pesar de su encomiable labor conciliadora, no es un hombre de fe que haya experimentado la presencia de Dios en su interior. Siendo así y sin darse cuenta, concibe las religiones como algo parecido a instituciones buenas y benéficas que ofrecen materiales para el buen comportamiento espiritual. No. Eso no es la religión.

Religión (re-ligare) significa relacionarse con Dios y corresponderle. Si esto es así y entendemos el término en su sentido auténtico, podremos afirmar que la religión, católica, judía o musulmana, por muchas variantes e interpretaciones que tengan, cada una es sólo lo que Dios (su dios) haya revelado. Problema: no todas las religiones parten de una revelación; vale, pues estamos empezando la casa por el tejado.

Podré el ejemplo que conozco. La religión católica es revelada. Jesucristo, mismo Dios, revela su voluntad a los hombres y les redime. A partir de ahí, funda la Iglesia y nombra a un sucesor. La Iglesia se convierte su esposa mística y en el camino de salvación querido por Dios. En dos mil años de historia esta Iglesia ha desarrollado una tradición y ha compendiado una doctrina refrendada por los papas y los obispos (sucesores de Jesucristo y los apóstoles). Todo ello configura el camino querido por Dios para la salvación del hombre. Quien considere legítimamente otras vías de salvación estará en lo cierto o no, pero no podrá llamarse católico. Y lo hace.

El interés de la información religiosa

Oriol Domingo se encarga de llenar dos páginas sobre religión todos los domingos en La Vanguardia. Hoy nos cuenta sus vivencias en una charla distendida en la que responde ante las inquietudes del público.

Su carrera periodística se desarrolló en el campo de la política hasta que en el verano de 2002 empezó a dedicarse a la información religiosa. No le preguntaron si era creyente o no a la hora de escogerle. Su entorno consideró que era un paso atrás en su carrera profesional, y un político le preguntó si le estaban castigando. Al principio le desconcertó la reacción de la gente, pero en seguida se dio cuenta de que “el hecho religioso se ve con recelo, broma y desprecio en nuestra sociedad”.

Sin tiempo para las dudas, se pone manos a la obra y sus primeros artículos empiezan a ver la luz. Las reacciones no se hacen esperar y tanto compañeros como lectores anónimos se ponen en contacto con él interesándose por la información religiosa que publica La Vanguardia. Descubre que aunque este tipo de información tiene mala prensa, interesa más de lo que parece. Durante estos ocho años no ha habido semana en que no le llegue al menos una carta de un lector.

La información religiosa debe ser tan rigurosa como cualquier otra, y “para que la gente se interese hay que escoger bien los temas que se tratan; escoger bien cómo explicar y narrar estos sucesos”. Pero ello requiere una intensa labor que empieza por crear una amplia agenda de contactos del mundo eclesiástico y aprender a relacionarse con ellos.

Domingo explica que el atractivo de la información religiosa radica en que es una sección “transversal y poliédrica, porque afecta a todos los ámbitos de la sociedad y lo hace desde diversos primas: social, económico, político, deportivo…”. Además, aunque atiende a lo espiritual, el hecho religioso es esencialmente humano, y por tanto afecta al comportamiento social de las personas. Las creencias religiosas de la gente repercuten directamente sobre la sociedad en la que viven.

Para acabar, invita al público a acercarse a la información religiosa como algo necesario para entender nuestra cultura. Afirma que “en la sociedad hay un gran desconocimiento de lo propio. La gente no sabe ni lo que son los Evangelios y nos tragamos códigos da vincis con una habilidad pasmosa”.

jueves, 27 de mayo de 2010

Hipotecas subprime, el camino de la crisis

Occidente ha pasado de un optimismo exultante a un gran pesimismo. La sociedad estaba instalada en el consumismo y bienestar con toda confianza, pero ahora se han hecho presentes el paro y el empobrecimiento. Podemos situar el inicio de esta crisis en la primavera de 2001, cuando estalla la burbuja especulativa de Internet, y en septiembre del mismo año, con el derrumbe de las torres gemelas de Nueva York.

Le Reserva Federal resuelve bajar los tipos de interés para enfriar la economía. Esto provoca un escenario idóneo para los que sepan aprovecharse del endeudamiento ajeno. Los bancos ven reducida la diferencia entre lo que cobran y lo que pagan a sus clientes, y sus ganancias disminuyen. Como revulsivo, ofertan servicios y productos como los Fondos de Inversión, cuyo beneficio se obtiene de las comisiones. Además, se añade la fórmula de crear préstamos arriesgados y multiplicar su número. Al ser arriesgados, permiten cobrar un interés más elevado. Todo ello conduce a un fuerte endeudamiento por la expansión de los créditos, con un aumento del valor de los activos en los balances bancarios por encima de los recursos propios.

El sector inmobiliario resulta el más propicio para desarrollar esta estrategia de ofrecer muchos préstamos con un reducido interés. Éste era un sector próspero, como demostraba el valor de la vivienda en EUA. Clinton populariza la vivienda propia para todos, donde los más astutos ponen a su alcance hipotecas con intereses muy bajos. Surgen entonces las hipotecas subprime que aglutinan préstamos arriesgados a personas insolventes (ninjas). Los préstamos que se ofrecen están por encima del valor de la vivienda, por lo que se da la posibilidad de adquirir otros bienes de consumo con el dinero sobrante.

Con el tiempo, a las entidades de préstamo se les acaba el dinero y optan por recurrir a los bancos, incluso a los extranjeros. Sin embargo, estos se encuentran pronto con las Normas de Basilea II, que limitan la proporción capitales mínimos / activos o créditos concedidos. La solución es llevar adelante el proceso de titulización o securitización, para transformar en títulos que se venden a una entidad financiera un conjunto de activos (préstamos), que a su vez los coloca en el mercado. De lo que se trata es de hacer paquetes con las hipotecas subprime con un bonito envoltorio (nombres atractivos e incomprensibles). Los paquetes se venden mediante las filiales de los bancos que las emiten. Los inversores interesados en adquirirlos, ya convertidos en CDO (Obligaciones de Deuda Colateralizada), sacarán el dinero de créditos de otros bancos o cajas. El endeudamiento sigue engordando.

En este punto salen a escena las Agencias de Rating. Estas empresas ofrecen las máximas calificaciones a los CDO. Las calificarán según la peligrosidad. Para echar más leña, entran en juego las Monolines, que avalan ante la posible fallida. Las grandes firmas se animan a entrar, por el aval de las monolines. No obstante, todo depende de la capacidad y solvencia de los ninjas, que al final son quienes deben pagar sus hipotecas e intereses a las entidades especializadas.

Los precios de la vivienda siguen subiendo y los ninjas dejan de poder pagar. Las entidades dejan de ingresar y no pueden hacer frente a sus deudas con la banca. Esto provoca el desmoronamiento progresivo del sistema financiero: si no puedes conseguir recursos, se te bloquean los existentes. La desconfianza de hace patente, los bancos no pueden dar créditos, los empresarios no tienen dinero y producen menos, sube el paro y baja el consumo.

Los Bancos Centrales abren sus inyecciones de capital y se ponen en marcha actuaciones conjuntas para minimizar el batacazo y evitar un nuevo crack.

lunes, 17 de mayo de 2010

Bowling for Columbine, película buena y tendenciosa

El documental de Michael Moore muestra una realidad que muchos no quieren ver. Critica duramente la cultura americana que defiende a ultranza la tenencia de armas en el hogar. En EUA hay más de 11.000 asesinatos anuales con arma de fuego. Sin embargo, otros países como Canadá tienen, en proporción, tantas armas en los hogares como los americanos, pero sus índices criminales son prácticamente inexistentes. ¿Cuál es entonces el problema? Veamos el desarrollo del documental.

Un día cualquiera, Moore acude a un banco donde le regalarán un rifle por abrir una cuenta. Con ello observamos la facilidad con que se puede obtener un arma en EUA y cuál es la forma de atraer clientes para cualquier negocio. Tras conseguir su rifle, se mezcla con la Milicia de Michigan y estos le revelan que “estar armado es un deber y una responsabilidad americana. No hay que buscar intermediarios, debes ocuparte personalmente de los tuyos”. Qué abismo cultural con Europa.

Continúa desvelando el entramado armamentístico americano cuando es recibido en casa del hermano de Timothy McVeig, aquel loco que mató a casi 200 personas al volar el Edificio Federal Alfred P. Murrah en 1995. El hombre explica con una serenidad pasmosa que en su granja tiene mechas, dinamita, detonadores y gasolina. Cree que es algo normal y que puede tenerlo cualquiera. Ah, y confiesa dormir con una M-16 bajo la almohada; increíble.

Tras este testimonio, se centra en el pueblo de Littleton y en su gigante fábrica de armas. El relaciones públicas de la empresa explica que el gobierno americano las fabrica sólo para defenderse del enemigo que desea atacarle. Muy inteligentemente, presenta a continuación una batería de imágenes de las grandes masacres del último siglo y la tiranía de los grandes gobernantes, como para contradecir lo que acaba de afirmar el empleado de la fábrica.

Después de ofrecer sorprendentes retratos de la sociedad americana, llega el clímax del documental con el relato del crimen en el Instituto Columbine de Littleton, donde dos de sus alumnos irrumpieron en el interior y comenzaron a disparar hasta agotar las más de 300 balas que llevaban. Mataron a 12 niños. Inmediatamente, muestra la convención de la Asociación Nacional del Rifle, presidida por Charlton Heston, que se celebró en Littleton unos días después. Con ello quiere mostrar cómo esta asociación se moviliza rápidamente antes de que se cree una opinión contraria a la posesión de armas; además de la falta de sensibilidad hacia las víctimas del atentado.
Contemplando incrédulo todo lo que sucede, cómo la gente habla de las armas y la aceptación social que encuentran, retrata en un tono irónico la psicosis desatada en los colegios tras el crimen; por ejemplo, niños expulsados por tonterías como gritar “te voy a matar” mientras juegan a policías y ladrones. Además, recoge las opiniones que dio la gente tras el atentado. Para su sorpresa, muchos culpan a Marilyn Manson, cantante de Heavy Metal y controvertido líder de masas.

Moore logra entrevistarse con él y el encuentro deriva rápidamente en una gratuita defensa del cantante por ser una persona irreverente, grosera y antisistema. Cierto que se le culpa de algo que no a hecho, aunque yo no tengo tan claro que sea del todo inocente: referentes sociales como éste, provocan desgracias para las que creemos no tener explicación.

A continuación compara a EUA con otros países importantes y demuestra que también tienen graves problemas sociales como las rupturas matrimoniales o la violencia en los videojuegos. Con ello pretende ir descartando motivos que expliquen el elevado índice de crímenes en América. También hace un breve repaso por la historia de EUA con un formato en dibujos animados. Si hasta el momento resultaba todo muy creíble y bien documentado, en este momento el documental pierde seriedad y objetividad. Hace un retrato de la historia muy crítico y absolutamente sesgado, presentando al hombre blanco con un criminal llegado desde Inglaterra que ha descargado sus iras contra todo lo que le ha salido al paso.

Inicia otro bloque que recupera el interés y presenta el pánico creado por las cadenas de televisión, en las que continuamente se muestran los crímenes, demostrando que aunque estos han descendido un 20% en los últimos años, la información al respecto ha aumentado un 600%. De ahí, entra ha hacer una exhaustiva comparación con Canadá, país más parecido en cuanto a cultura y estilo de vida. Descubre que los crímenes son casi inexistentes y que el tratamiento de los medios de comunicación es muy distinto.

Presenta entonces el segundo núcleo del reportaje con el asesinato de una niña de 6 años por parte de un compañero de clase de la misma edad, con una pistola que le robó a su tío. Vemos la historia de la madre del niño, que no puede encargarse de él porque cada día debe recorrer 150km para ganar unos dólares más y así poder pagarse la asistencia social. Critica duramente a los medios que se presentan en Flint, lugar del asesinato, sólo para cubrir la noticia sin preocuparse por investigar un poco y descubrir qué pudo motivar semejante drama. Flint es una ciudad que se sale de los estereotipos americanos y cuenta con barrios que viven inmersos en la pobreza, con un elevado índice de personas, sobre todo negros, que viajan muchos quilómetro a diario para encontrar trabajos mejor pagados en los estados colindantes.

Finaliza el reportaje con dos tracas muy logradas. La primera, localiza a dos víctimas del atentado de Columbine y les convence para que le acompañen a K-Mart, centro comercial donde los asesinos compraron las balas, con el objetivo de que dejen de venderlas. Sorprendentemente lo consiguen. La segunda, entra en casa de Charlton Heston y se entrevista con él haciéndose pasar por un miembro de la Asociación Nacional del Rifle. Le hace una encerrona muy lograda y pone en evidencia la falta de argumentos de los que defienden la posesión doméstica de armas.

El reportaje es muy dinámico porque combina las entrevistas con imágenes históricas trepidantes y un guión de lo más coloquial que lo hace muy atractivo. Presenta un grave problema social, que es real y muy patente. Parece que Michael Moore se va acercando a la respuesta que busca pero, para mi decepción, se convierte en uno más al finalizar el reportaje sin dar en el clavo, en por qué en EUA hay cada año más de 11.000 atentados por arma de fuego. Sin embargo, es cierto que apunta muchas posibles causas y lo hace de forma clarividente. En mi opinión, en algunos momentos se olvida del objeto del reportaje y se centra en críticas banales a todo lo que suene a patriotismo americano.

domingo, 21 de febrero de 2010

América, América

[Artículo de ficción literaria. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia]. Mediterráneo de Joan Manel Serrat o Born in the USA de Bruce Springsteen. Dos modos, casi opuestos, de concebir la buena vida. Una amiga de la universidad, amantísima del cine de autor, consiguió en aquel tiempo apartarme de la furia de los multicines veinticinco salas y aficionarme a su compañía en el Meliès de Barcelona; prestigioso espacio de cine donde se proyecta lo mejor del made off America, es decir, del cine independiente. Una sala que huye de la corrupción del doblaje y de la ingesta voraz de palomitas y refrescos, cuya venta y consumo están prohibidos.

Enterrado en mi butaca con estupor y agotamiento ocular, asimilaba en sueco las obras maestras del existencialista Ingmar Bergmann (El séptimo sello), o en coreano las del surrealista Kim Ki-duk (Hierro 3). Aunque reconocía y valoraba aquél puritanismo filmográfico, no lograba disfrutarlo. Seguía prefiriendo el rito cuasi tribal del cine comercial: película de alto presupuesto, actorazo, chica Bond, palomitas gigantes, quemar dos neuronas resolviendo el final, y para casa. Ciertamente me fastidiaba gastar siete euros en una película tontísima, pero, sin embargo, me descansaba y hacía reír.

Mi estrafalaria experiencia del cine indie me ayudó a ir encontrando el justo medio entre la calidad y la diversión. En este viaje iniciático por los suburbios del cine, al fin me topé con la que para mí sería la piedra filosofal: la comedia británica. Aunque por edad me cogió algo tarde, aún pude disfrutar de la gloriosa generación de actores anglosajones provenientes del teatro londinense: Stephen Fry, Hugh Laurie, Kenneth Branagh, Rowan Atkison, Helen Mirren, Emma Thomson o los inolvidables Monty Pyton. Todos ellos, ahora, emigrados a Los Ángeles bajo la batuta de los grandes, pero conservando su genio. Películas de la vida cotidiana que normalmente satirizan sobre las relaciones interpersonales de las distintas clases sociales; un humor ácido y cruel capaz de trivializar las miserias humanas, pero sin pretensiones existencialistas o moralistas. Y lo mejor, la sobriedad y elegancia con que los actores rubrican sus interpretaciones.

A pesar de todo, y sólo por oponerme a los progres antiamericanos de manual, esos de manifestación contra la globalización pero con Coca-cola en la mano, me negué a rechazar el cine de Norteamérica, y empecé a encontrar en Hollywood algunas pequeñas joyas del celuloide. Empecemos.

Sin dejar de ser un director muy personal, Clint Eastwood (el otrora actor más bien tosco e impasible) se fue acercando al gran público con películas dramáticas que rozan la perfección artística tanto en los guiones como en la fotografía y escenarios; siempre con un cuidado y acertado reparto. Recordar, por ejemplo, la crudísima Mystic River o la sobresaliente Million Dollar Baby (que me niego a rechazar por el supuesto guiño a la eutanasia), así como las más recientes Gran Torino e Invictus. Muy interesante, también, la obra de George Clooney tras la cámara con trabajos como Syriana o Good night and good luck, aunque con cierto tufillo a crítica social. Incluso, cabría incluir las geniales comedias dramáticas del histriónico Woody Allen que, con reparos morales, derrochan ingenio e inteligencia.

Hollywood nos está dando en este tercer milenio una nueva lección de cine de ficción, que ya patentó con obras de arte como La naranja mecánica y 2001 Odisea en el espacio, ambas de Kubrick, o como Encuentros en la tercera fase de Spielgberg. Nombremos en este campo el humor negrísimo y surrealista de los hermanos Cohen (Ladykillers) o el barroquismo digital del maestro de la fantasía onírica: Tim Burton (Eduardo manostijeras, Sleeppy Hollow, Big fish, Charlie y la fábrica de chocolate o en dibujos animados James y el melocotón gigante, Pesadilla antes de Navidad y La novia cadáver). En este mismo terreno soy admirador personal de Quentin Tarantino (de quien es discípulo Robert Rodríguez, el creador de Sin City y 300, ambas basadas en comics de Frank Miller) quien se ha convertido en cabeza del thriller psicopático y ha reformulado la violencia en un espectáculo visual alucinante, sobre todo, con sus obras capitales: Pulp fiction y Kill Bill (Vol. 1 y 2). No olvidar, por favor, aquí, las dos maravillosas creaciones del bueno de Peter Jackson (pocos saben que proviene del cine Gore): la trilogía de El Señor de los anillos, simplemente un regalo para la humanidad, y la deslumbrante y grandiosa versión de King Kong.

En un espacio aún más comercial traigo a colación al magnífico Martin Scorsese, con sus corales y, para muchos, inmejorables puestas en escena de ritmo frenético, como en Casino o Gangs of New York, entre muchas otras; pero destacando la multipremiada Infiltrados, por la que, con un lujoso reparto (Jack Nicholson, Martin Sheen, Matt Damon, Leonardo Dicaprio y Mark Whalgberg), recibió en 2007 los merecidos Oscar al mejor director y a la mejor película, tras quince años de buen cine y escandaloso silencio de la Academia. Reconozcamos, también, en este punto, que cuando Spielgberg se inspira, puede dejarnos obras de arte de cualquier género. Simplemente traigamos a la memoria la legendaria E.T. o la que, a mi modo de ver, es su mejor título: La lista de Schindler; fantástica.

A todo ello han contribuido una magnífica hornada de buenos actores, entre los que destacaría a Robert Downey Jr. (por ejemplo en Zodiac o Good night and good luck), Edward Norton, Jude Law, Jonny Deep, Sean Penn; o los más veteranos Kevin Spacey (Cadena de favores, La vida de David Gale o American beauty, esta última genial pero moralmente inadmisible) y Tim Robbins. Todos ellos amigos de Hollywood pero exigentes con los guiones y trabajos que aceptan.

¿Cierto que hablamos de cine? No puedo resistirme a citar dos obras magnas de finales de los setenta, fuera de nuestro artículo pero de ineludible recuerdo. Sean estas los dos grandes clásicos de Francis Ford Coppola: la apasionante y brutal Apocalypse Now y la insuperable, insuperable, insuperable El Padrino, con un Marlon Brando que derrama destellos de deidad en una interpretación soberbia difícilmente repetible.

Haciendo justicia con aquellos underground que se rasgarán las vestiduras con esta apología del cine yanqui, rechazaré frontalmente los insultantes y millonarios bodrios de Joel Schumacher (Batman y Robin), las cursiladas quinceañeras de Nancy Meyers (reconocida como la reina de la comedia romántica; sin comentarios, me sonrojo). Los excesos coreográficos de Oliver Stone, salvando la increíble Platoon. O los edulcoradísimos dramas con lágrimas y final feliz de Ron Howard, aunque de maravillosa factura, tales como Una mente maravillosa o Cinderella man.

Podríamos derramar ríos de tinta escribiendo de cine. Siempre se quedará algo en el tintero: la histeria de Nicholson en la genial Mejor imposible, que le valió un Oscar al mejor actor; las desternillantes groserías de Ben Stiller; el mejor terror psicológico y muy sangriento de Saw; el nunca novedoso pero siempre feliz cine de acción; todo el cine bélico, desde Los cañones de Navarone, El puente sobre el río Kwai o La gran evasión, hasta las más recientes Cuando éramos soldados o Jarckhead, pasando por incontables títulos de gran calidad, incluyendo la espléndida serie Hermanos de sangre; o este género que se empieza a cocinar, gustoso de presentar diversas vidas independientes y llevarlas al encuentro en el momento crítico, con guiones de mucha fuerza. Magnífica en este gremio, Crash.

Les parecerá sorprendente, pero este ejercicio de síntesis aterrizó en mi cabeza tras ver por televisión la famosa Super Bowl. Como buen europeo, siempre he considerado el fútbol americano como la perversión y espectacularización del rugby. Un rugby para cobardes. Evidentemente, mi crítica se basaba en el mero prejuicio, pues jamás había visto un partido de americano. Tras mi experiencia religiosa, admito que me entretuve. Y aquí está la clave, lo verán.

¿Verdad que resulta indignante que un deportista profesional deba ser asistido con oxígeno tras una carrera de 100 metros?, pues sucedió en esa final. ¿Alguien ha contado los quilómetros que se echa Dani Alves, cada partido, a una velocidad vertiginosa? Por favor. Qué decir de esos gordos sebosos de cuerpos tatuados y cerebros fundidos con pelos, cintas y poses perfectamente medidas a la espera de ser cazados “inesperadamente” por las cámaras. Fáciles a la diatriba chulesca con gestos más propios de Van Damme o Chuck Norris (el inolvidable Walker, ranger de Texas). Sin dejar de mencionar a ese alegre público escondido tras gigantescos cubos de palomitas y aguadas Coca-colas tamaño familiar. Al fin y al cabo en el fútbol, o quizá debería decir soccer, las cosas no son tan distintas.
Después de pensar un poco (no mucho), entendí por qué ese deporte no tiene sentido ni prácticamente afición fuera de USA. Sin embargo, qué cosa más entretenida y hasta divertida. Una sociedad, la americana, que sabe entretenerse “sanamente” con el mero espectáculo y el simple juego, sin buscar ni pretender un mensaje oculto o una reflexión existencial tras cada película, deporte o variedad.

Pero no lloréis, papá, y todos los amantes de los Gary Cooper, Humphrey Bogart, Alec Guinness, Cary Grant, Paul Newman (los ojos de Hollywood, que se apagaron este pasado año), Peter O’Toole, Peter Ustinov, Lawrence Olivier, Spencer Tracy, Gregory Peck, David Niven, Richard Harris, Burt Lancaster, el siempre villano Christopher Lee o La extraña pareja con los estupendos Jack Lemon y Walter Matthau. Tampoco vosotras, mamá, nostálgicas de las Jane Fonda, Vivien Leigh, Bette Davis, Deborah Kerr, Barbara Streisand, Greta Garbo, Joane Fontaine, Marlene Dietrich, Shirley McLein, Ava Gardner, Audrey Hepburn (qué emoción el día que vi Vacaciones en Roma, qué cosa más bonita), Ingrid Bergman, Julie Andrews, Katherin Hepburn… y tantos otros y otras inmortales actores y actrices. No lloréis aquellos que camináis errantes preguntándoos cómo un palurdo llamado Tom Cruise puede llenar salas de cine mientras enriquece a la Cienciología. Porque, queridos cinéfilos, no hay que olvidar que la belleza y la bondad son inmortales, eternas como su creador.

miércoles, 27 de enero de 2010

Con faldas y a lo loco

Cristiano Ronaldo, piquito de oro y cejita depilada cual gitanito de Jerez, aderezaba sus pasos de bailarina cabaretera con un animado movimiento de brazos. La sensatez nos descarta la agresión premeditada, pero negar las intenciones de la danza del jugador sería mentir. Desplaza bruscamente su brazo derecho para que impacte en el adversario y así zafarse. La mala suerte se ceba de nuevo con la vedette, que estampa el codo en todo el careto del zaguero. Adiós nariz. A la calle y a callar. La vendetta madrileña abre fuego y habla de villarato (dícese del caciquismo localizado en la Federación Española de Fútbol) contra el Madrid y en favor del Barça. ¿Qué habrán hecho esta vez los culés? Nada, da igual, culpa suya. No, mejor, del pobre Messi. Síntomas delatores de una impotencia rancia y poco elegante, fruto de la condena al eterno segundo lugar. Si alguna vez los merengues fueron unos señores, como les encanta decir con petulante orgullo, ahora ya no los son. Excepto dos bellas féminas como Guti y Ramos, todos son cutres y charnegos como lo es el fútbol, como lo es Ronaldo. Mejor que sea así, porque cuando el fútbol se convierta en deporte de damas y caballeros, será una mierda. Ala Cristiano, a pringar. Si es que pareces más tonto... Dicho.

martes, 26 de enero de 2010

Universidad, con dos cojones

A las puertas de mi último examen cuatrimestral de la Universidad, escribo para referir un hecho que me dejó indignado. Estábamos en clase, en una de las últimas sesiones antes de exámenes, cuando los dos delegados del curso salieron al estrado con la siguiente propuesta: “Queremos recoger firmas para posponer el examen de Periodismo Especializado. Creemos que está muy próximo al de Empresa Informativa y podría dificultarnos su preparación”. Con dos cojones. No podía creerlo. Pero esto qué es, una universidad o un cole de primaria. Entre ambos exámenes había una distancia de una semana. Además, siendo sinceros, la carrera de Periodismo no es precisamente un hueso duro. En seguida me levanté e intenté hacerles ver que aquello era un capricho alimentado por las concesiones de la universidad, pero que no había una necesidad real. También les convencí de que era de tontos alargar más el período de exámenes, ¡Vivan las vacaciones! Bueno, por una diferencia mínima conseguimos que la fecha no se moviera de sitio.

Mi opinión es que la culpa la tiene mi Universidad, que es privada y, en un alarde democrático, permite modificar las fechas de los exámenes a gusto del consumidor si se reúne una mayoría simple de firmas. Tontería, porque la experiencia dice que los alumnos y, especialmente el gremio de delegados, gustan de hacer ingeniería cronológica si se les permite. Creen que así exprimen al máximo los beneficios de la universidad privada. Yo, en cambio, creo que es un error. La Universidad debe darnos las claves para convertirnos en hombres de bien. Entre otras cosas, esto incluye la capacidad de ajustarse a las directrices que marca el calendario académico. Y a partir de ahí, organizarse responsablemente las horas de estudio. Considero que la presión a la que me someto cada cuatrimestre en la preparación de mis exámenes es de lo más formativo y disciplinario que hay. Nunca como en esos períodos duermo con orden de horarios, me planifico tan bien cada jornada, renuncio con tanto aplomo a mis caprichos, etc. No deberían darnos tanto, porque todo lo que nos ofrezcan lo tomaremos y lo explotaremos, que los de mi generación no somos muy inteligentes, pero espabilados lo somos un rato. Dicho.

jueves, 21 de enero de 2010

Bienvenido a casa

Vamos a intentarlo. Finalmente me he animado a crear un blog. No tengo la certeza de que vaya a funcionar. Sobre todo porque dudo de mis posibilidades de tiempo. Además, he adquirido el compromiso de escribir sólo cuando me apetezca o, como gusta decir, cuando tenga qué contar. Mi intención al ponerlo en marcha es la de tener un canal de expresión libre, atemporal y, sobre todo, compartido. Pretendo escribir de todo aquello que me pase por la cabeza, que suele ser: el comportamiento de las personas y mi reacción al respecto, la actualidad social y a veces política, y mis pensamientos sobre la vida, la fe y la amistad. Dicho.