Cristiano Ronaldo, piquito de oro y cejita depilada cual gitanito de Jerez, aderezaba sus pasos de bailarina cabaretera con un animado movimiento de brazos. La sensatez nos descarta la agresión premeditada, pero negar las intenciones de la danza del jugador sería mentir. Desplaza bruscamente su brazo derecho para que impacte en el adversario y así zafarse. La mala suerte se ceba de nuevo con la vedette, que estampa el codo en todo el careto del zaguero. Adiós nariz. A la calle y a callar. La vendetta madrileña abre fuego y habla de villarato (dícese del caciquismo localizado en la Federación Española de Fútbol) contra el Madrid y en favor del Barça. ¿Qué habrán hecho esta vez los culés? Nada, da igual, culpa suya. No, mejor, del pobre Messi. Síntomas delatores de una impotencia rancia y poco elegante, fruto de la condena al eterno segundo lugar. Si alguna vez los merengues fueron unos señores, como les encanta decir con petulante orgullo, ahora ya no los son. Excepto dos bellas féminas como Guti y Ramos, todos son cutres y charnegos como lo es el fútbol, como lo es Ronaldo. Mejor que sea así, porque cuando el fútbol se convierta en deporte de damas y caballeros, será una mierda. Ala Cristiano, a pringar. Si es que pareces más tonto... Dicho.
miércoles, 27 de enero de 2010
martes, 26 de enero de 2010
Universidad, con dos cojones
A las puertas de mi último examen cuatrimestral de la Universidad, escribo para referir un hecho que me dejó indignado. Estábamos en clase, en una de las últimas sesiones antes de exámenes, cuando los dos delegados del curso salieron al estrado con la siguiente propuesta: “Queremos recoger firmas para posponer el examen de Periodismo Especializado. Creemos que está muy próximo al de Empresa Informativa y podría dificultarnos su preparación”. Con dos cojones. No podía creerlo. Pero esto qué es, una universidad o un cole de primaria. Entre ambos exámenes había una distancia de una semana. Además, siendo sinceros, la carrera de Periodismo no es precisamente un hueso duro. En seguida me levanté e intenté hacerles ver que aquello era un capricho alimentado por las concesiones de la universidad, pero que no había una necesidad real. También les convencí de que era de tontos alargar más el período de exámenes, ¡Vivan las vacaciones! Bueno, por una diferencia mínima conseguimos que la fecha no se moviera de sitio.
Mi opinión es que la culpa la tiene mi Universidad, que es privada y, en un alarde democrático, permite modificar las fechas de los exámenes a gusto del consumidor si se reúne una mayoría simple de firmas. Tontería, porque la experiencia dice que los alumnos y, especialmente el gremio de delegados, gustan de hacer ingeniería cronológica si se les permite. Creen que así exprimen al máximo los beneficios de la universidad privada. Yo, en cambio, creo que es un error. La Universidad debe darnos las claves para convertirnos en hombres de bien. Entre otras cosas, esto incluye la capacidad de ajustarse a las directrices que marca el calendario académico. Y a partir de ahí, organizarse responsablemente las horas de estudio. Considero que la presión a la que me someto cada cuatrimestre en la preparación de mis exámenes es de lo más formativo y disciplinario que hay. Nunca como en esos períodos duermo con orden de horarios, me planifico tan bien cada jornada, renuncio con tanto aplomo a mis caprichos, etc. No deberían darnos tanto, porque todo lo que nos ofrezcan lo tomaremos y lo explotaremos, que los de mi generación no somos muy inteligentes, pero espabilados lo somos un rato. Dicho.
Mi opinión es que la culpa la tiene mi Universidad, que es privada y, en un alarde democrático, permite modificar las fechas de los exámenes a gusto del consumidor si se reúne una mayoría simple de firmas. Tontería, porque la experiencia dice que los alumnos y, especialmente el gremio de delegados, gustan de hacer ingeniería cronológica si se les permite. Creen que así exprimen al máximo los beneficios de la universidad privada. Yo, en cambio, creo que es un error. La Universidad debe darnos las claves para convertirnos en hombres de bien. Entre otras cosas, esto incluye la capacidad de ajustarse a las directrices que marca el calendario académico. Y a partir de ahí, organizarse responsablemente las horas de estudio. Considero que la presión a la que me someto cada cuatrimestre en la preparación de mis exámenes es de lo más formativo y disciplinario que hay. Nunca como en esos períodos duermo con orden de horarios, me planifico tan bien cada jornada, renuncio con tanto aplomo a mis caprichos, etc. No deberían darnos tanto, porque todo lo que nos ofrezcan lo tomaremos y lo explotaremos, que los de mi generación no somos muy inteligentes, pero espabilados lo somos un rato. Dicho.
jueves, 21 de enero de 2010
Bienvenido a casa
Vamos a intentarlo. Finalmente me he animado a crear un blog. No tengo la certeza de que vaya a funcionar. Sobre todo porque dudo de mis posibilidades de tiempo. Además, he adquirido el compromiso de escribir sólo cuando me apetezca o, como gusta decir, cuando tenga qué contar. Mi intención al ponerlo en marcha es la de tener un canal de expresión libre, atemporal y, sobre todo, compartido. Pretendo escribir de todo aquello que me pase por la cabeza, que suele ser: el comportamiento de las personas y mi reacción al respecto, la actualidad social y a veces política, y mis pensamientos sobre la vida, la fe y la amistad. Dicho.
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