viernes, 28 de mayo de 2010

El interés de la información religiosa

Oriol Domingo se encarga de llenar dos páginas sobre religión todos los domingos en La Vanguardia. Hoy nos cuenta sus vivencias en una charla distendida en la que responde ante las inquietudes del público.

Su carrera periodística se desarrolló en el campo de la política hasta que en el verano de 2002 empezó a dedicarse a la información religiosa. No le preguntaron si era creyente o no a la hora de escogerle. Su entorno consideró que era un paso atrás en su carrera profesional, y un político le preguntó si le estaban castigando. Al principio le desconcertó la reacción de la gente, pero en seguida se dio cuenta de que “el hecho religioso se ve con recelo, broma y desprecio en nuestra sociedad”.

Sin tiempo para las dudas, se pone manos a la obra y sus primeros artículos empiezan a ver la luz. Las reacciones no se hacen esperar y tanto compañeros como lectores anónimos se ponen en contacto con él interesándose por la información religiosa que publica La Vanguardia. Descubre que aunque este tipo de información tiene mala prensa, interesa más de lo que parece. Durante estos ocho años no ha habido semana en que no le llegue al menos una carta de un lector.

La información religiosa debe ser tan rigurosa como cualquier otra, y “para que la gente se interese hay que escoger bien los temas que se tratan; escoger bien cómo explicar y narrar estos sucesos”. Pero ello requiere una intensa labor que empieza por crear una amplia agenda de contactos del mundo eclesiástico y aprender a relacionarse con ellos.

Domingo explica que el atractivo de la información religiosa radica en que es una sección “transversal y poliédrica, porque afecta a todos los ámbitos de la sociedad y lo hace desde diversos primas: social, económico, político, deportivo…”. Además, aunque atiende a lo espiritual, el hecho religioso es esencialmente humano, y por tanto afecta al comportamiento social de las personas. Las creencias religiosas de la gente repercuten directamente sobre la sociedad en la que viven.

Para acabar, invita al público a acercarse a la información religiosa como algo necesario para entender nuestra cultura. Afirma que “en la sociedad hay un gran desconocimiento de lo propio. La gente no sabe ni lo que son los Evangelios y nos tragamos códigos da vincis con una habilidad pasmosa”.

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