Hay personas que aún creen en el rostro humano de las religiones. Las consideran enriquecedoras e incluso necesarias para ofrecer un camino de redención al hombre de hoy. La revista Dialogal y su director, Manu Pérez, confían en el poder conciliador de la religión y, por eso, tratan de acercar la profundidad de las religiones a toda la sociedad.
Tras escuchar a Manu Pérez debo entender que las religiones, al fin y al cabo, están formadas por las personas que las integran y, por lo tanto, en si mismas no son nada, sino aquello que son su miembros. Por esto, es importante evitar generalizar y condenar sistemáticamente todo aquello que huela a fe. No estoy de acuerdo. Intento que entienda que, aun estando formadas por personas, las religiones son lo que son, pues tienen un credo, unas verdades, una doctrina y una tradición en ocasiones milenaria. No -responde-, las religiones como tal no existen.
Entonces puedo entrever que, a pesar de su encomiable labor conciliadora, no es un hombre de fe que haya experimentado la presencia de Dios en su interior. Siendo así y sin darse cuenta, concibe las religiones como algo parecido a instituciones buenas y benéficas que ofrecen materiales para el buen comportamiento espiritual. No. Eso no es la religión.
Religión (re-ligare) significa relacionarse con Dios y corresponderle. Si esto es así y entendemos el término en su sentido auténtico, podremos afirmar que la religión, católica, judía o musulmana, por muchas variantes e interpretaciones que tengan, cada una es sólo lo que Dios (su dios) haya revelado. Problema: no todas las religiones parten de una revelación; vale, pues estamos empezando la casa por el tejado.
Podré el ejemplo que conozco. La religión católica es revelada. Jesucristo, mismo Dios, revela su voluntad a los hombres y les redime. A partir de ahí, funda la Iglesia y nombra a un sucesor. La Iglesia se convierte su esposa mística y en el camino de salvación querido por Dios. En dos mil años de historia esta Iglesia ha desarrollado una tradición y ha compendiado una doctrina refrendada por los papas y los obispos (sucesores de Jesucristo y los apóstoles). Todo ello configura el camino querido por Dios para la salvación del hombre. Quien considere legítimamente otras vías de salvación estará en lo cierto o no, pero no podrá llamarse católico. Y lo hace.
Tras escuchar a Manu Pérez debo entender que las religiones, al fin y al cabo, están formadas por las personas que las integran y, por lo tanto, en si mismas no son nada, sino aquello que son su miembros. Por esto, es importante evitar generalizar y condenar sistemáticamente todo aquello que huela a fe. No estoy de acuerdo. Intento que entienda que, aun estando formadas por personas, las religiones son lo que son, pues tienen un credo, unas verdades, una doctrina y una tradición en ocasiones milenaria. No -responde-, las religiones como tal no existen.
Entonces puedo entrever que, a pesar de su encomiable labor conciliadora, no es un hombre de fe que haya experimentado la presencia de Dios en su interior. Siendo así y sin darse cuenta, concibe las religiones como algo parecido a instituciones buenas y benéficas que ofrecen materiales para el buen comportamiento espiritual. No. Eso no es la religión.
Religión (re-ligare) significa relacionarse con Dios y corresponderle. Si esto es así y entendemos el término en su sentido auténtico, podremos afirmar que la religión, católica, judía o musulmana, por muchas variantes e interpretaciones que tengan, cada una es sólo lo que Dios (su dios) haya revelado. Problema: no todas las religiones parten de una revelación; vale, pues estamos empezando la casa por el tejado.
Podré el ejemplo que conozco. La religión católica es revelada. Jesucristo, mismo Dios, revela su voluntad a los hombres y les redime. A partir de ahí, funda la Iglesia y nombra a un sucesor. La Iglesia se convierte su esposa mística y en el camino de salvación querido por Dios. En dos mil años de historia esta Iglesia ha desarrollado una tradición y ha compendiado una doctrina refrendada por los papas y los obispos (sucesores de Jesucristo y los apóstoles). Todo ello configura el camino querido por Dios para la salvación del hombre. Quien considere legítimamente otras vías de salvación estará en lo cierto o no, pero no podrá llamarse católico. Y lo hace.
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